











Este hostel boutique se ubica en un edificio protegido de finales del siglo XIX, situado en el entorno histórico de Puerta Real y la Virgen. Cercano a los bulevares del ensanche decimonónico, el proyecto propone un alojamiento tranquilo, apartado del ritmo más intenso de las calles turísticas del centro.
La intervención parte de la estructura original del inmueble: planta baja, dos plantas superiores y torreón, organizadas en torno a una secuencia de patios que conserva el carácter doméstico del edificio. El acceso se produce a través del zaguán tradicional, que conduce al patio, entendido como el corazón de la vida colectiva. En este espacio se recuperan y enfatizan elementos propios de la arquitectura granadina: el pozo con brocal de piedra de Sierra Elvira, los horcones de cerrajería, las columnas, la fuente y la presencia de la madera. El pavimento del patio se trabaja en caliza de Cabra, con un despiece de cuadrícula irregular que introduce textura y movimiento sin sobrecargar el conjunto.
El nuevo ascensor se incorpora desde el patio, resolviendo la accesibilidad vertical sin alterar la lectura principal del edificio. En las plantas superiores, los patios delantero y trasero organizan las circulaciones y mantienen la relación entre luz, sombra y profundidad característica de la arquitectura local. La intervención respeta la composición de huecos de la fachada protegida y sustituye las carpinterías exteriores por nuevas piezas de madera. En las zonas comunes, la madera cálida actúa como revestimiento principal, reforzando la jerarquía original de los espacios. La escalera, situada en eje con el zaguán, se trata en gris oscuro para introducir contraste y cierta intensidad escénica dentro del recorrido.
En las habitaciones, el lenguaje se vuelve más contenido. Se busca una atmósfera calmada, con pocos materiales, tonos neutros y soluciones precisas. Los paños de plaqueta cerámica en color natural enmarcan la iluminación y funcionan como sutiles acentos materiales, aportando identidad sin romper la serenidad del conjunto.
El resultado es una intervención que no compite con la preexistencia, sino que trabaja desde sus valores: la secuencia de patios, las columnas de Sierra Elvira, la cerrajería, la madera y una forma de habitar vinculada a la tradición doméstica granadina.